“Sintiéndose morir, acuden a su memoria toda clase de recuerdos de
su vida pasada. Y entre todos, surge una pregunta que nunca se había formulado. Éste accede, pero tiene que agacharse mucho ya que la edad ha encogido al hombre. ‘¿Qué es lo que quieres?’ Le –pregunta el centinela-. En el estado en que te encuentras, ¿todavía hay algo que te pueda interesar?’ Entonces el hombre pronunció sus últimas palabras:`Todo ser humano aspira a acceder a la ley, entonces, ¿cómo es posible que en tantos años que llevo aquí no haya venido nadie más que haya querido entrar?´ El centinela se da cuenta de que el hombre está a punto de morir, y para que sus débiles oídos puedan escucharle, se inclina sobre él y le grita: ‘Tú eras el único que podía entrar por aquí, ya que esta puerta te está destinada. Ahora ya no soy necesario, me iré y cerraré’ (…) El hombre llega por primera vez ante las puertas de la ley, mientras que el centinela ya estaba allí. Esta sirviendo a la ley que lo emplea. Manifestar dudas sobre su dignidad es lo mismo que dudar de la misma ley (…) la ley no quiere nada de ti. Te toma cuando llegas y te deja cuando te marchas”.
Kafka. El Proceso.
“El ojo que tu ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve”
Antonio Machado
“Engañar tiene su ciencia”
Aterciopelados.
1. La investigación social y sus retos.
La investigación social aplicada se expresa en las políticas públicas o en el desarrollo de tecnologías sociales, en las instituciones y la manera como se instituyen y a la vez moldean el quehacer cotidiano de la gente. Una sociedad que no es capaz de generar el conocimiento sobre sí misma y el saber hacer de sus instituciones está condenada a desaparecer. Pues como lo señala Mary Douglas1 las instituciones constituyen la memoria social, estas son a la vez el sustrato en el que emergen las representaciones colectivas, el sentido del lugar, la pertenencia.
Habría que empezar por señalar que en el tema del conflicto y la convivencia se corre el riesgo de caer en muchos lugares comunes, como el que "los colombianos somos hijos de la cultura de la violencia", o que "la raíz del problema es la intolerancia", que se trata de la herencia española, o de la pervivencia de un estado patrimonialista, o la expresión de una "cultura mafiosa", o la probidad de la naturaleza. Norbert Elías en su ensayo "El
1 Mary Douglas Cómo piensan las instituciones. Alianza Universidad, 1996.
atrincheramiento de los sociólogos en el presente"2, resalta cuatro funciones básicas que toda sociedad de alguna manera debe proveer: a) la provisión del sustento; b) la provisión de la seguridad contra la agresión al interior del grupo o ente grupos; c) la provisión de conocimiento; d) la provisión de mecanismos de autorregulación. Claramente estas cuatro funciones se encuentran entrelazadas unas con otras, y es necesario pensarlas cuando se quiere abordar el tema del desarrollo humano sustentable y la construcción de ciudadanía.
2 Norbert Elías. "El atrincheramiento de los sociólogos en el presente". En , La civilización de los padres y otros ensayos. Editorial UN, Norma editores.
3 Everet Rogers. 1969. Elementos del cambio social en América Latina. Editorial Aldine, Chicago. Donde se refiere en esta perspectiva de la marginalidad entre otras a la experiencia de Candelaria en el Valle del Cauca Oscar Lewis. 1977 La antropología de la pobreza. F.C.E. México.
4Norbert Elías, en un estudio de microsociología demuestra como muchas de las desigualdades que se construyen surgen de este dilema social básica, sobre la base del cual se tiende a devaluar al recién llegado así no exista ninguna diferencia étnica, cultural o económica. "Ensayo teórico sobre las relaciones entre establecidos y marginados", en "La civilización de los padres y otros ensayos" opus cit.
La cambiante urbanización y las posibilidades de ascenso social, en Colombia, han puesto en entredicho aproximaciones teóricas a lo social como las de la marginalidad urbana de los años sesentas o las de la antropología de la pobreza3. La ciudad se presenta en el imaginario popular como la opción de lo diferente, la opción del cambio. Los procesos de moverse hacia la ciudad han estado marcados por acciones colectivas como en el caso del desplazamiento forzado (por motivos políticos o socioeconómicos), así como por opciones racionales individuales. El desplazamiento forzado, las angustias de las familias y sus integrantes para reconstruir sus proyectos de vida, pero así mismo la pervivencia de relaciones de dominación y maltrato entre género y generaciones, nos ponen de nuevo frente al reto de explicar la condición humana y el devenir de las instituciones. De igual manera las decisiones racionales de los individuos, y su elección por la ciudad, la búsqueda del ascenso social, la construcción de proyectos de vida, están ahí. Todo ello de algún modo confronta nuestras instituciones y los procesos de socialización, pero ante todo demanda más conocimiento social.
La función de proveer la seguridad y mecanismos de autorregulación (construcción de ciudadanía) son producto tanto de los avatares del mercado como de la acción de las instituciones, son producto de las viejas prácticas en política (clientelismo) como de las nuevas opciones de participación y expresión ciudadana. Un problema básico de la investigación social es dar cuenta de las relaciones que se dan entre grupos establecidos y los marginados4(recién llegados). Sin duda, este debate está cruzado por los controles sociales en los que se desenvuelven las trayectorias vitales de hombres y mujeres, en especial, el control de instituciones como la escuela y la iglesia, así como aquellas derivadas del orden patriarcal. Entre otros controles y consecuencias tenemos las relacionadas con la obediencia debida de la mujer al varón, la división del trabajo por sexos, las formas diferenciadas según género y generación de acceso al espacio público y al ocio recreativo.
Las posibilidades de ascenso social, de abrirse camino en la ciudad tienen que ver con las estrategias de los grupos subalternos de lograr mayores espacios de participación. De la capacidad de los nuevos grupos de lograr establecer relaciones no conflictivas con los ya establecidos y lograr acceso a su capital social, a su saber hacer urbano, trabajos, desplazamientos, servicios, etc.; de las relaciones con los establecidos depende en buena parte su posibilidad de éxito o fracaso en su adaptación al nuevo entorno sociocultural.
Esto guarda relación con el establecimiento de redes de solidaridad, bien familiares o regionales (compadrazgo y amistad) bien funcionales de trabajo o de acceso a servicios. Para el migrante las posibilidades de ascenso social se asocian a la capacidad de aprovechar e identificar esas redes y ofertas que están en el medio urbano.
Por otra parte, la criminalidad urbana tanto en el país como de alguna manera la que sucede en los centros de consumo orbital, asociada a fenómenos como el enriquecimiento rápido y el cada vez más común fenómeno de la corrupción, plantean nuevos temas de investigación para las ciencias sociales. Alrededor de fenómenos como el desorden urbano, o la crisis medioambiental, o el conflicto se deberían impulsar investigaciones básicas sociales, como podría ser el caso del fenómeno de la adicción. Como lo sugiere Gregory Bateson.
“Parece pues que adaptación y adicción son fenómenos muy estrechamente relacionados. Observemos al pasar que en este período de postguerra todas las naciones que se adaptaron a la guerra dan todavía respuestas de adaptación que lograron en aquel momento y que la entidad superior, el sistema internacional, es aún adicto de la misma manera.
¿Cuántas naciones están haciendo investigaciones sobre los aspectos formales de la adicción? Bien valdría la pena gastar en éstos unos pocos miles de millones, para no hablar de las aplicaciones al campo de la droga y los fenómenos de contaminación ecológica, etcétera”. (Bateson, 1991, 279).
Así como se puede construir socialmente la adicción a un tipo de comida o bebida, también es posible construirla con relación al conflicto, a ciertas maneras de hacer política y ejercer la democracia. Lo que quiero resaltar es la importancia de la investigación social sin más pretensiones que el propiciar el conocimiento básico sobre la sociedad, el género humano, y sus múltiples tramados de relaciones. Que la distinción entre investigación social básica y aplicada se vuelve un tanto inocua si tenemos en cuenta que cualquier tecnología social tendrá como sustrato la cultura. Esto es la manera corriente de ser y comunicarnos, de pensar y actuar, de resolver problemas, de clasificar y vivir en el mundo.
Pero cuál es la lógica de la ciencia, cuáles las reglas del juego, cuál la manera de organizar acciones propias de la investigación en ciencias sociales y humanas. Y cómo se relaciona dicho mundo con el mundo de la política pública y de la acción cotidiana? Esto, naturalmente tiene que ver con las estrategias gnoseológicas que desarrollan los distintos grupos humanos, incluidos aquí naturalmente las diversas comunidades de investigación.
Muchos de los errores que hoy confrontamos son errores epistemológicos, fácilmente confundimos lo denotativo con lo connotativo, nos quedamos atrapados en los hechos, las cosas y perdemos de vista los contextos, los procesos, el sentido. ¿Hasta donde nuestras preguntas de investigación en el tema de convivencia y seguridad ciudadana son pertinentes?¿Qué sentido tiene la investigación jurídica y sociojurídica que se realiza en nuestro medio? Y, hasta dónde éstas no caen en aquel error de tipo tres del que habla Javier Medina para resaltar esa perdida de sentido, como sería el preguntarse por la mejor disposición de las sillas en el Titanic mientras este se hunde. Algo semejante puede ocurrir con las preguntas y las acciones relacionadas con el hecho criminal. Como lo señala Bateson en la siguiente cita:
5Gómez Buendía, Hernando. (compilador) ¿ Para dónde va Colombia? Tercer Mundo Editores, 1999.
Análogamente “juego” y “crimen” son palabras de aproximadamente el mismo tipo lógico que “exploración” . Estos no son nombres de acciones particulares, sino que son nombres de clases de acciones que se clasifican juntas de acuerdo con la visión que el organismo tiene del contexto en que está actuando. En el caso del “juego” los jugadores no entenderán fácilmente que el castigo o la prohibición de las acciones de jugar deben terminar con el “juego”. A menudo los niños reaccionan lanzando la categoría de “juego” alrededor de la acción prohibitiva del adulto a quien invitan a que participe en cierto juego o del cual se burlan por permanecer fuera del juego.
El caso del crimen es más desastroso. “Crimen” no es el nombre de una acción. Lo mismo que “juego”, es el nombre de un conjunto de acciones clasificadas juntas bajo la égida de una visión del contexto en que dichas acciones han de realizarse. En el caso del crimen, por cierto, las acciones se dirigen en parte a las autoridades que prohíben el crimen.
Por supuesto, el castigo de acciones particulares que el policía sorprende no elimina la percepción de contexto que caracteriza la clase de acciones del criminal. Uno no puede hacer que un hombre deje de ser un criminal (sea eso lo que fuere) aplicando castigo a algo que el hace. Y sin embargo continuamos tratando de hacer eso aunque cinco mil años de pruebas muestran que semejante castigo no da resultado”.
G. Bateson, Unidad Unidad Sagrada, Ed. Gedisa página 371.
En estas condiciones los retos de la investigación social son inherentes al propio objeto de indagación, pues se trata de un juego bien peculiar, como diría Alicia al referirse al juego de Croquet con la reina, un juego en el que los investigadores son a la vez parte del juego. Además hemos de recordar que como en todo juego son los jugadores quienes crean y convienen sus propias reglas. Así se puede plantear que el fin de la investigación social es comprender la sociedad, o como otros sugieren se puede asumir que su finalidad más allá de interpretar sea la de transformar la sociedad.
Lo propio del mundo contemporáneo es la incertidumbre, el riesgo y la desigualdad. Nos enfrentamos a recurrentes paradojas de lo incierto/lo real, la contradicción es lo recurrente, el mundo de lo social es a la vez orden/desorden. Enfrentamos situaciones que demandan nuevos conocimientos, así como acciones en términos de las políticas públicas y del accionar de los ciudadanos.
En el caso colombiano varios son los ejercicios de reflexión estratégica que se han ocupado de señalar los principales dilemas sociales que enfrentamos como sociedad. Entre otros cabe señalar, el reto de la gobernabilidad, expresado en una sociedad civil débil y en una debilidad de las instituciones para garantizar la construcción de bienes públicos, el reto de la pobreza y la deuda social, el creciente deterioro del medioambiente producto de la presión sobre los recursos por pobreza, guerra y cultivos ilícitos, la difícil inserción internacional , con deterioro de los pilares que habían sostenido la economía (crisis cafetera, proceso de desindustrialización, desempleo, etc), las dificultades de la integración nacional, las desigualdades regionales y la debilidad de las estrategias para superarlas, precariedad en nuestra capacidad científica y tecnológica5. Pero a la vez nos caracteriza una solidaridad y una creatividad inimaginable. Estamos, hoy, frente al reto de construir caminos de esperanza, la crisis es tanto riesgo como oportunidad, y solamente mediante el conocimiento, solamente mediante la apuesta por el saber incorporado,
6De Sousa Santos, Boaventura; García Villegas, Mauricio (compiladores). El Calidoscopio de las justicias en Colombia. (2 tomos) Siglo del hombre editores, primera edición 2001.Colombia.
7 Angulo, Alejandro; Medina, Javier. Sembrar Colombia: alternativas y semillas del cambio. En: Verso una societá multiculturale: possibili scenari italia e colombia. Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, 2000.
solamente en los aprendizajes sociales, será posible hacer ciertas las posibilidades que tenemos como nación pero ante todo como humanidad.
Colombia decía Boaventura de Sousa Santos6 es un país imponderable: a) La democracia más antigua y estable de América Latina acompañada de los menores grados de autonomía ; b) Estabilidad macroeconómica durante muchos años que termina en la más profunda crisis del modelo productivo; c) Las más viejas y nuevas formas de confrontación del establecimiento (guerrillas y narcotráfico); d) un estado del bienestar en crisis donde no ha habido un estado del bienestar, e) una de las mayores biodiversidades del planeta acompañada de los mayores riesgos medioambientales (pobreza, guerra y narcotráfico).
La Constitución del 91 es una constitución para ángeles indica Ligia Galvis en la presentación del Caleidoscopio. Hemos trabajado con modelos que ocultan y no modelos que abren posibilidades. Como informamos el formalismo de lo jurídico con un ingrediente social. ¿Cómo abordar lo que queda oculto? Este estado híbrido colombiano de constitucionalismo con régimen de excepción permanente demanda explorar una epistemología de la ceguera.
En suma, como lo sugieren Angulo y Medina7, la sociedad colombiana está frente al reto de pasar del círculo vicioso de las relaciones clientelares, la corrupción, la guerra, propias de una sociedad que ha quedado por el momento atrapada en el doble vínculo del conflicto, el afán de la ganancia excluyente y las disputas por los poderes territoriales. Situación que coloca a nuestra sociedad en la necesidad de recuperar esa propiedad propia de las culturas de aprender a aprender y de corregir, para pasar al circulo virtuoso de una sociedad orientada al diálogo, el desarrollo humano, la inclusión, la participación. El reto de construir una sociedad democrática, participativa, incluyente, respetuosa del medioambiente y de la diversidad cultural. En la que sea dable la comprensión y la compasión. En términos de conocimiento el reto se expresa como el reto de los diálogos de saberes, las formas de circulación y uso de los mismos, el reto de qué saberes, quiénes producen, y cómo circulan y se usan por la sociedad y las comunidades.
No obstante todos estos retos no contamos con toda la investigación social, e investigación jurídica y sociojurídica que nos ayude a comprender, explicar y predecir la acción social sus determinantes y consecuencias. Tan solo recientemente se investiga sobre el devenir de nuestras instituciones y sus consecuencias. Sin duda como lo indicara Durkheim si se quiere conocer una sociedad el derecho (la normatividad que dicha sociedad se da) es el mejor instrumento para decodificarla.
En Colombia se han hecho aportes importantes al conocimiento en el ámbito de las ciencias sociales y humanas y se ha logrado consolidar una comunidad de investigadores. Se cuenta hoy con una comunidad de investigadores altamente cualificados que han acumulado experiencia y prestigio, planta de profesores - investigadores de tiempo completo, número importante de investigadores con maestrías y doctorados, vínculos con otras universidades, centros de investigación nacionales e internacionales, presencia regional reconocida. Incidencia en la formación de opinión pública. Aportes concretos a la
8 COLCIENCIAS-MINJUSTICIA-ACAC. Retos de la diversidad e investigación socio-jurídica. Publicaciones ACAC, 1996. página 61.
solución de problemas sociales. Capacidad de gestión interna y externa. Centros de documentación, publicaciones propias y suscripciones a revistas importantes. Pero estas condiciones se encuentran altamente concentrados en Bogotá, Medellín y Cali, y se enfrentan hoy tanto a la necesidad de formar las generaciones de relevo como de sortear y disminuir los desbalances regionales. Esto es particularmente agudo en la investigación jurídica y sociojurídica, como podremos ver en el siguiente aparte.
2. La investigación jurídica y sociojurídica una mirada desde el SNCyT.
Uno de los programas académicos con más tradición en el país es el de derecho, muchos programas de ciencias sociales y humanas nacen emparentados con programas de derecho, este es el caso de los programas de economía en la Universidad Nacional que antes hacían parte de la facultad de derecho, y todavía hoy muchas facultades son facultades de derecho y ciencias humanas. Señalo lo anterior para resaltar la principal debilidad de la investigación jurídica y sociojurídica señalada por Henao, Palacio y Guarín (1996) la separación entre lo jurídico y lo social, la poca comunicación entre las ciencias jurídicas y las ciencias sociales y humanas en la investigación. Naturalmente su recomendación es buscar la interdisciplinariedad, dicen:
“ Sólo puede haber cultura científica cuando existe un grupo que la soporte, la apoye y la desarrolle, es decir, se apropie de ella para llevarla a planos más avanzados. Si es cierto, como hemos tratado de demostrarlo, que la investigación socio-jurídica no es, en nuestros días, una flor que brote en el invernadero del derecho, y más bien es el resultado de los temas y problemas que se investigan en las otras ciencias sociales, o en aquellos grupos que combinan profesionales de diversas disciplinas, será imprescindible hallar los canales para poner en contacto a los profesionales del derecho con tales grupos, en un espíritu interdisciplinario”8.
Pero hay que decirlo, esta es todavía en gran medida una aspiración, mas si consideramos la necesidad de aproximaciones transdisciplinarias en lo social. No obstante, se ha adelantado la investigación en este ámbito de preocupaciones de lo jurídico y lo sociojurídico. Lo que no quiere decir que sea suficiente. Si bien los registros de grupos reconocidos pueden tomarse como parcial, en tanto que hay problemas de socialización con el instrumento informático, si es muy diciente que tan solo 11 de 61 cumplan con las condiciones mínimas de reconocimiento como grupo de investigación, esto es el 18% de los grupos que se presentaron a registro.
Pero la situación se hace más dramática se miramos el cuadro anexo uno que da cuenta de las características de estos once grupos, situados en tres ciudades (Bogotá, Medellín y Popayán) y en seis instituciones universitarias (Externado, Andes, Rosario, Antioquia, Eafit, Cauca). Quisiera resaltar que de estos once grupos tan solo el de Marcela Gutiérrez ha presentado proyectos de investigación
al Programa Nacional de Ciencias Sociales y Humanas, y señalar como son relativamente pocas las propuestas que se someten a buscar cofinanciación en el programa. Lo anterior simplemente nos puede indicar que hay fuentes alternas para la financiación de este tipo de iniciativas, por una parte, y que tal vez no hay mucha investigación en el campo, pero tal vez si mucha jurisprudencia.
En los clásicos de las ciencias sociales Weber, Durkheim, Marshall, Marx aparecen simultáneamente la pregunta por la sociedad y la pregunta por el derecho. No es comprensible la racionalidad de occidente y la emergencia de las instituciones modernas del capitalismo sin la institución de un derecho racional, originado en el derecho romano y el derecho canónico propio de occidente. Pero hoy muchas de las preguntas sobre el derecho quieren ser autosuficientes.
Fue Ciro Angarita - quien hiciera visible el trabajo de la compañera permanente - quien desde el Consejo Nacional del Programa Nacional de Ciencias Sociales y Humanas impulsó la necesidad de un subprograma de investigaciones jurídicas y sociojurídicas, en especial, luego de la Constitución del 91, en un afán por hacer efectivo y accesible a toda la población el estado Social de Derecho. En la misma perspectiva de las reflexiones del ex ministro Jaime Giraldo Angel pregonaba la necesidad de un derecho cercano a las necesidades de la gente y no de una normativa centrada solamente en la razón. Y en esta lógica es que invitamos a reflexionar sobre la pertinencia de las agendas de investigación de los grupos y centros orientados al ámbito de lo jurídico y lo sociojurídico.
En los grupos reconocidos no están todos los grupos, ni se refleja allí la dinámica de actividad de investigación en el campo. Hay importantes trabajos de antropología jurídica, o de sociología e historia del delito que se han adelantado en el país, o grupos que trabajan sobre derechos humanos y derecho internacional humanitario, o sobre criminalidad urbana y sistema carcelario, o en otros casos sobre la resolución alternativa de conflictos y la convivencia ciudadana. Lo que deseo resaltar es como hay investigación en el tema que se hace desde otras disciplinas y en centros de investigación no adscritos a programas de derecho. Lo que resalta con fuerza la necesidad de una mayor comunicación y apertura en la comunidad de ciencias sociales y humanas, una mayor densidad de relaciones entre grupos y centros de investigación que trabajan en temas afines y que son usuarios de sistemas de información comunes, como pueden ser los observatorios del delito promovidos en las grandes ciudades.
Además de la necesidad de fortalecer la red de relaciones entre centros y grupos, se hace necesario repensar las relaciones entre la investigación jurídica y sociojurídica y las políticas públicas. Para lo cual hay un reto, si bien la normatividad, el proyecto de ley es parte del oficio y de la manera como se expresa la política pública, la investigación en el campo no siempre tiene que tener por finalidad el diseño de una nueva ley o norma. Se puede caer como sucede a veces que nos quedemos en el fetichismo de la ley. Hay diversas posibilidades de apertura y relación en el diálogo entre derecho y sociedad. Pero está también la apertura hacia la comunidad de investigadores y en general la comunidad
académica cuando se incorporan al debate público de los resultados y propuestas, o se incorporan a los planes y programas de estudio.
Como lo indique arriba en el país se viene consolidando una comunidad de investigadores en el tema, o en temas afines. Sin embargo, hay que señalar que todavía nos queda mucho camino por recorrer tanto en la generación de conocimiento como en su consumo por quien tiene a su cargo la política pública o la posibilidad de promover procesos de intervención social, así como por la sociedad en su conjunto. Si bien hemos ido consolidando una capacidad nacional de generación de conocimiento persisten los desbalances regionales, y las redes de conocimiento son aún débiles. Se requieren esfuerzos para consolidar la red de usuarios y consumidores de conocimiento.
3. Los aprendizajes y Los nuevos derroteros.
Hemos aprendido que son posibles los esfuerzos colaborativos para proveer el conocimiento que requerimos, hemos aprendido que dicho camino no es sencillo, que demanda la construcción de espacios de concertación y comunicación interinstitucional, no siempre fácil. Hemos aprendido que la política pública debe apoyarse en el conocimiento, pero que éste no se puede esperar como una formula mágica que de una vez por todas cambie aquellos hechos que hoy nos confrontan como sociedad.
También hoy sabemos que no contamos con el conocimiento que demandamos sobre los aspectos que más nos afectan. Que es muy posible que contemos con muchos diagnósticos pero no con el conocimiento básico sobre la sociedad y sus dilemas más profundos, que mucho de lo que se produce sobre el tema puede en cierta forma estar sesgado por explicaciones y estereotipos de cajón, como cuando se afirma que vivimos en “una cultura de la violencia”, o que “la sociedad machista y patriarcal nos tiene como nos tiene”, o “que niño maltratado padre maltratante”, esa búsqueda en las causas originarias o la búsqueda de los culpables que se constituyen en verdaderos estilos gnoseológicos, y que antes que propiciar el conocimiento pueden ser un obstáculo epistemológico para el mismo. Se hace necesario innovar en lo teórico y en lo metodológico en relación con la investigación sobre los temas de la convivencia, el conflicto y la democracia.
Hemos aprendido que el conocimiento es estrategia adaptativa el entorno, que como dijera con ocasión de la presentación de la revista de Ciencias Sociales de la Universidad de Los Andes, Ana María Bejarano, no necesitamos tanto una ciencia social de pasarela como una que nos ayude a comprender quiénes somos, porque nos pasa lo que nos pasa y cómo podemos trabajar en función de lo que queremos ser en tanto sujetos individuales y colectivos. Tenemos el reto frente a nosotros de hacer más densas las redes de conocimiento, como más densas las de usuarios del conocimiento y los nexos mutuos. El problema de la apropiación social de los resultados de la investigación es el de la memoria social, el de las instituciones que median nuestra socialización y nuestros aprendizajes colectivos.
9 Heins von Foerster. Las semillas de la cibernética. Obras escogidas. Edición de Marcel Pakman. Gedisa. 1996
Para Colombia sigue en pie el reto de la construcción de la democracia y de ciudadanía, el reto de construcción de lo social y lo público como una manera de llegar a la construcción del proyecto colectivo de sociedad. No solo se trata de la elaboración de un nuevo pacto social, que garantice la autonomía del sujeto individual y colectivo, que garantice la calidad de vida de los asociados, recupere la legitimidad del estado, sino ante todo, de ganar en densidad social, en el clima de confianza, en participación y cultura política. El reto de la construcción de la paz es ante todo el reto de la construcción de sociedad y de democracia, el reto de recuperar la vitalidad y la expresión de los actores sociales y los movimientos sociales, el reto de construir el adecuado balance entre estado y sociedad civil.
Tenemos el reto de producir y generar el conocimiento que demanda la sociedad. Pero ante todo es necesario adelantar acciones conducentes a obtener cambios en la cultura. Una cultura de la convivencia requiere entrar en redes conversacionales vivas, de diálogo fecundo. Hay avances en el plano del conocimiento, pero no es suficiente, hay avances en el plano de la acción pero tampoco es suficiente. Se hace necesario ponerse en los zapatos del otro, aprender también de los errores ajenos y de los propios.
Quizás uno de los retos más importantes desde la perspectiva del conocimiento es el de revisar el tipo de preguntas que nos estamos haciendo en investigación, deslindar la actividad conducente a la construcción de mecanismos explicativos sobre el conflicto, la convivencia y la democracia. Para salirse al paso a las explicaciones de sentido común, o a las posturas más endopáticas, en un tema tan sensible.
Por último, quiero señalar que hemos aprendido que se hace necesario desplegar la imaginación para fortalecer la actividad de los grupos de investigación social y humana en el país, que definitivamente si hay alguna investigación que sea prioritaria es la que concierne a la propia sociedad. Que como afirmara Heinz von Foerster9 las ciencias duras se ocupan de los problemas blandos las ciencias blandas se ocupan de los problemas duros. Que para comprender la experiencia vivida se hace necesario narrarla y que buena parte de la investigación social persigue poder narrar las vicisitudes de nuestro devenir como individuos, como grupos humanos como nación.
su vida pasada. Y entre todos, surge una pregunta que nunca se había formulado. Éste accede, pero tiene que agacharse mucho ya que la edad ha encogido al hombre. ‘¿Qué es lo que quieres?’ Le –pregunta el centinela-. En el estado en que te encuentras, ¿todavía hay algo que te pueda interesar?’ Entonces el hombre pronunció sus últimas palabras:`Todo ser humano aspira a acceder a la ley, entonces, ¿cómo es posible que en tantos años que llevo aquí no haya venido nadie más que haya querido entrar?´ El centinela se da cuenta de que el hombre está a punto de morir, y para que sus débiles oídos puedan escucharle, se inclina sobre él y le grita: ‘Tú eras el único que podía entrar por aquí, ya que esta puerta te está destinada. Ahora ya no soy necesario, me iré y cerraré’ (…) El hombre llega por primera vez ante las puertas de la ley, mientras que el centinela ya estaba allí. Esta sirviendo a la ley que lo emplea. Manifestar dudas sobre su dignidad es lo mismo que dudar de la misma ley (…) la ley no quiere nada de ti. Te toma cuando llegas y te deja cuando te marchas”.
Kafka. El Proceso.
“El ojo que tu ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve”
Antonio Machado
“Engañar tiene su ciencia”
Aterciopelados.
1. La investigación social y sus retos.
La investigación social aplicada se expresa en las políticas públicas o en el desarrollo de tecnologías sociales, en las instituciones y la manera como se instituyen y a la vez moldean el quehacer cotidiano de la gente. Una sociedad que no es capaz de generar el conocimiento sobre sí misma y el saber hacer de sus instituciones está condenada a desaparecer. Pues como lo señala Mary Douglas1 las instituciones constituyen la memoria social, estas son a la vez el sustrato en el que emergen las representaciones colectivas, el sentido del lugar, la pertenencia.
Habría que empezar por señalar que en el tema del conflicto y la convivencia se corre el riesgo de caer en muchos lugares comunes, como el que "los colombianos somos hijos de la cultura de la violencia", o que "la raíz del problema es la intolerancia", que se trata de la herencia española, o de la pervivencia de un estado patrimonialista, o la expresión de una "cultura mafiosa", o la probidad de la naturaleza. Norbert Elías en su ensayo "El
1 Mary Douglas Cómo piensan las instituciones. Alianza Universidad, 1996.
atrincheramiento de los sociólogos en el presente"2, resalta cuatro funciones básicas que toda sociedad de alguna manera debe proveer: a) la provisión del sustento; b) la provisión de la seguridad contra la agresión al interior del grupo o ente grupos; c) la provisión de conocimiento; d) la provisión de mecanismos de autorregulación. Claramente estas cuatro funciones se encuentran entrelazadas unas con otras, y es necesario pensarlas cuando se quiere abordar el tema del desarrollo humano sustentable y la construcción de ciudadanía.
2 Norbert Elías. "El atrincheramiento de los sociólogos en el presente". En , La civilización de los padres y otros ensayos. Editorial UN, Norma editores.
3 Everet Rogers. 1969. Elementos del cambio social en América Latina. Editorial Aldine, Chicago. Donde se refiere en esta perspectiva de la marginalidad entre otras a la experiencia de Candelaria en el Valle del Cauca Oscar Lewis. 1977 La antropología de la pobreza. F.C.E. México.
4Norbert Elías, en un estudio de microsociología demuestra como muchas de las desigualdades que se construyen surgen de este dilema social básica, sobre la base del cual se tiende a devaluar al recién llegado así no exista ninguna diferencia étnica, cultural o económica. "Ensayo teórico sobre las relaciones entre establecidos y marginados", en "La civilización de los padres y otros ensayos" opus cit.
La cambiante urbanización y las posibilidades de ascenso social, en Colombia, han puesto en entredicho aproximaciones teóricas a lo social como las de la marginalidad urbana de los años sesentas o las de la antropología de la pobreza3. La ciudad se presenta en el imaginario popular como la opción de lo diferente, la opción del cambio. Los procesos de moverse hacia la ciudad han estado marcados por acciones colectivas como en el caso del desplazamiento forzado (por motivos políticos o socioeconómicos), así como por opciones racionales individuales. El desplazamiento forzado, las angustias de las familias y sus integrantes para reconstruir sus proyectos de vida, pero así mismo la pervivencia de relaciones de dominación y maltrato entre género y generaciones, nos ponen de nuevo frente al reto de explicar la condición humana y el devenir de las instituciones. De igual manera las decisiones racionales de los individuos, y su elección por la ciudad, la búsqueda del ascenso social, la construcción de proyectos de vida, están ahí. Todo ello de algún modo confronta nuestras instituciones y los procesos de socialización, pero ante todo demanda más conocimiento social.
La función de proveer la seguridad y mecanismos de autorregulación (construcción de ciudadanía) son producto tanto de los avatares del mercado como de la acción de las instituciones, son producto de las viejas prácticas en política (clientelismo) como de las nuevas opciones de participación y expresión ciudadana. Un problema básico de la investigación social es dar cuenta de las relaciones que se dan entre grupos establecidos y los marginados4(recién llegados). Sin duda, este debate está cruzado por los controles sociales en los que se desenvuelven las trayectorias vitales de hombres y mujeres, en especial, el control de instituciones como la escuela y la iglesia, así como aquellas derivadas del orden patriarcal. Entre otros controles y consecuencias tenemos las relacionadas con la obediencia debida de la mujer al varón, la división del trabajo por sexos, las formas diferenciadas según género y generación de acceso al espacio público y al ocio recreativo.
Las posibilidades de ascenso social, de abrirse camino en la ciudad tienen que ver con las estrategias de los grupos subalternos de lograr mayores espacios de participación. De la capacidad de los nuevos grupos de lograr establecer relaciones no conflictivas con los ya establecidos y lograr acceso a su capital social, a su saber hacer urbano, trabajos, desplazamientos, servicios, etc.; de las relaciones con los establecidos depende en buena parte su posibilidad de éxito o fracaso en su adaptación al nuevo entorno sociocultural.
Esto guarda relación con el establecimiento de redes de solidaridad, bien familiares o regionales (compadrazgo y amistad) bien funcionales de trabajo o de acceso a servicios. Para el migrante las posibilidades de ascenso social se asocian a la capacidad de aprovechar e identificar esas redes y ofertas que están en el medio urbano.
Por otra parte, la criminalidad urbana tanto en el país como de alguna manera la que sucede en los centros de consumo orbital, asociada a fenómenos como el enriquecimiento rápido y el cada vez más común fenómeno de la corrupción, plantean nuevos temas de investigación para las ciencias sociales. Alrededor de fenómenos como el desorden urbano, o la crisis medioambiental, o el conflicto se deberían impulsar investigaciones básicas sociales, como podría ser el caso del fenómeno de la adicción. Como lo sugiere Gregory Bateson.
“Parece pues que adaptación y adicción son fenómenos muy estrechamente relacionados. Observemos al pasar que en este período de postguerra todas las naciones que se adaptaron a la guerra dan todavía respuestas de adaptación que lograron en aquel momento y que la entidad superior, el sistema internacional, es aún adicto de la misma manera.
¿Cuántas naciones están haciendo investigaciones sobre los aspectos formales de la adicción? Bien valdría la pena gastar en éstos unos pocos miles de millones, para no hablar de las aplicaciones al campo de la droga y los fenómenos de contaminación ecológica, etcétera”. (Bateson, 1991, 279).
Así como se puede construir socialmente la adicción a un tipo de comida o bebida, también es posible construirla con relación al conflicto, a ciertas maneras de hacer política y ejercer la democracia. Lo que quiero resaltar es la importancia de la investigación social sin más pretensiones que el propiciar el conocimiento básico sobre la sociedad, el género humano, y sus múltiples tramados de relaciones. Que la distinción entre investigación social básica y aplicada se vuelve un tanto inocua si tenemos en cuenta que cualquier tecnología social tendrá como sustrato la cultura. Esto es la manera corriente de ser y comunicarnos, de pensar y actuar, de resolver problemas, de clasificar y vivir en el mundo.
Pero cuál es la lógica de la ciencia, cuáles las reglas del juego, cuál la manera de organizar acciones propias de la investigación en ciencias sociales y humanas. Y cómo se relaciona dicho mundo con el mundo de la política pública y de la acción cotidiana? Esto, naturalmente tiene que ver con las estrategias gnoseológicas que desarrollan los distintos grupos humanos, incluidos aquí naturalmente las diversas comunidades de investigación.
Muchos de los errores que hoy confrontamos son errores epistemológicos, fácilmente confundimos lo denotativo con lo connotativo, nos quedamos atrapados en los hechos, las cosas y perdemos de vista los contextos, los procesos, el sentido. ¿Hasta donde nuestras preguntas de investigación en el tema de convivencia y seguridad ciudadana son pertinentes?¿Qué sentido tiene la investigación jurídica y sociojurídica que se realiza en nuestro medio? Y, hasta dónde éstas no caen en aquel error de tipo tres del que habla Javier Medina para resaltar esa perdida de sentido, como sería el preguntarse por la mejor disposición de las sillas en el Titanic mientras este se hunde. Algo semejante puede ocurrir con las preguntas y las acciones relacionadas con el hecho criminal. Como lo señala Bateson en la siguiente cita:
5Gómez Buendía, Hernando. (compilador) ¿ Para dónde va Colombia? Tercer Mundo Editores, 1999.
Análogamente “juego” y “crimen” son palabras de aproximadamente el mismo tipo lógico que “exploración” . Estos no son nombres de acciones particulares, sino que son nombres de clases de acciones que se clasifican juntas de acuerdo con la visión que el organismo tiene del contexto en que está actuando. En el caso del “juego” los jugadores no entenderán fácilmente que el castigo o la prohibición de las acciones de jugar deben terminar con el “juego”. A menudo los niños reaccionan lanzando la categoría de “juego” alrededor de la acción prohibitiva del adulto a quien invitan a que participe en cierto juego o del cual se burlan por permanecer fuera del juego.
El caso del crimen es más desastroso. “Crimen” no es el nombre de una acción. Lo mismo que “juego”, es el nombre de un conjunto de acciones clasificadas juntas bajo la égida de una visión del contexto en que dichas acciones han de realizarse. En el caso del crimen, por cierto, las acciones se dirigen en parte a las autoridades que prohíben el crimen.
Por supuesto, el castigo de acciones particulares que el policía sorprende no elimina la percepción de contexto que caracteriza la clase de acciones del criminal. Uno no puede hacer que un hombre deje de ser un criminal (sea eso lo que fuere) aplicando castigo a algo que el hace. Y sin embargo continuamos tratando de hacer eso aunque cinco mil años de pruebas muestran que semejante castigo no da resultado”.
G. Bateson, Unidad Unidad Sagrada, Ed. Gedisa página 371.
En estas condiciones los retos de la investigación social son inherentes al propio objeto de indagación, pues se trata de un juego bien peculiar, como diría Alicia al referirse al juego de Croquet con la reina, un juego en el que los investigadores son a la vez parte del juego. Además hemos de recordar que como en todo juego son los jugadores quienes crean y convienen sus propias reglas. Así se puede plantear que el fin de la investigación social es comprender la sociedad, o como otros sugieren se puede asumir que su finalidad más allá de interpretar sea la de transformar la sociedad.
Lo propio del mundo contemporáneo es la incertidumbre, el riesgo y la desigualdad. Nos enfrentamos a recurrentes paradojas de lo incierto/lo real, la contradicción es lo recurrente, el mundo de lo social es a la vez orden/desorden. Enfrentamos situaciones que demandan nuevos conocimientos, así como acciones en términos de las políticas públicas y del accionar de los ciudadanos.
En el caso colombiano varios son los ejercicios de reflexión estratégica que se han ocupado de señalar los principales dilemas sociales que enfrentamos como sociedad. Entre otros cabe señalar, el reto de la gobernabilidad, expresado en una sociedad civil débil y en una debilidad de las instituciones para garantizar la construcción de bienes públicos, el reto de la pobreza y la deuda social, el creciente deterioro del medioambiente producto de la presión sobre los recursos por pobreza, guerra y cultivos ilícitos, la difícil inserción internacional , con deterioro de los pilares que habían sostenido la economía (crisis cafetera, proceso de desindustrialización, desempleo, etc), las dificultades de la integración nacional, las desigualdades regionales y la debilidad de las estrategias para superarlas, precariedad en nuestra capacidad científica y tecnológica5. Pero a la vez nos caracteriza una solidaridad y una creatividad inimaginable. Estamos, hoy, frente al reto de construir caminos de esperanza, la crisis es tanto riesgo como oportunidad, y solamente mediante el conocimiento, solamente mediante la apuesta por el saber incorporado,
6De Sousa Santos, Boaventura; García Villegas, Mauricio (compiladores). El Calidoscopio de las justicias en Colombia. (2 tomos) Siglo del hombre editores, primera edición 2001.Colombia.
7 Angulo, Alejandro; Medina, Javier. Sembrar Colombia: alternativas y semillas del cambio. En: Verso una societá multiculturale: possibili scenari italia e colombia. Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, 2000.
solamente en los aprendizajes sociales, será posible hacer ciertas las posibilidades que tenemos como nación pero ante todo como humanidad.
Colombia decía Boaventura de Sousa Santos6 es un país imponderable: a) La democracia más antigua y estable de América Latina acompañada de los menores grados de autonomía ; b) Estabilidad macroeconómica durante muchos años que termina en la más profunda crisis del modelo productivo; c) Las más viejas y nuevas formas de confrontación del establecimiento (guerrillas y narcotráfico); d) un estado del bienestar en crisis donde no ha habido un estado del bienestar, e) una de las mayores biodiversidades del planeta acompañada de los mayores riesgos medioambientales (pobreza, guerra y narcotráfico).
La Constitución del 91 es una constitución para ángeles indica Ligia Galvis en la presentación del Caleidoscopio. Hemos trabajado con modelos que ocultan y no modelos que abren posibilidades. Como informamos el formalismo de lo jurídico con un ingrediente social. ¿Cómo abordar lo que queda oculto? Este estado híbrido colombiano de constitucionalismo con régimen de excepción permanente demanda explorar una epistemología de la ceguera.
En suma, como lo sugieren Angulo y Medina7, la sociedad colombiana está frente al reto de pasar del círculo vicioso de las relaciones clientelares, la corrupción, la guerra, propias de una sociedad que ha quedado por el momento atrapada en el doble vínculo del conflicto, el afán de la ganancia excluyente y las disputas por los poderes territoriales. Situación que coloca a nuestra sociedad en la necesidad de recuperar esa propiedad propia de las culturas de aprender a aprender y de corregir, para pasar al circulo virtuoso de una sociedad orientada al diálogo, el desarrollo humano, la inclusión, la participación. El reto de construir una sociedad democrática, participativa, incluyente, respetuosa del medioambiente y de la diversidad cultural. En la que sea dable la comprensión y la compasión. En términos de conocimiento el reto se expresa como el reto de los diálogos de saberes, las formas de circulación y uso de los mismos, el reto de qué saberes, quiénes producen, y cómo circulan y se usan por la sociedad y las comunidades.
No obstante todos estos retos no contamos con toda la investigación social, e investigación jurídica y sociojurídica que nos ayude a comprender, explicar y predecir la acción social sus determinantes y consecuencias. Tan solo recientemente se investiga sobre el devenir de nuestras instituciones y sus consecuencias. Sin duda como lo indicara Durkheim si se quiere conocer una sociedad el derecho (la normatividad que dicha sociedad se da) es el mejor instrumento para decodificarla.
En Colombia se han hecho aportes importantes al conocimiento en el ámbito de las ciencias sociales y humanas y se ha logrado consolidar una comunidad de investigadores. Se cuenta hoy con una comunidad de investigadores altamente cualificados que han acumulado experiencia y prestigio, planta de profesores - investigadores de tiempo completo, número importante de investigadores con maestrías y doctorados, vínculos con otras universidades, centros de investigación nacionales e internacionales, presencia regional reconocida. Incidencia en la formación de opinión pública. Aportes concretos a la
8 COLCIENCIAS-MINJUSTICIA-ACAC. Retos de la diversidad e investigación socio-jurídica. Publicaciones ACAC, 1996. página 61.
solución de problemas sociales. Capacidad de gestión interna y externa. Centros de documentación, publicaciones propias y suscripciones a revistas importantes. Pero estas condiciones se encuentran altamente concentrados en Bogotá, Medellín y Cali, y se enfrentan hoy tanto a la necesidad de formar las generaciones de relevo como de sortear y disminuir los desbalances regionales. Esto es particularmente agudo en la investigación jurídica y sociojurídica, como podremos ver en el siguiente aparte.
2. La investigación jurídica y sociojurídica una mirada desde el SNCyT.
Uno de los programas académicos con más tradición en el país es el de derecho, muchos programas de ciencias sociales y humanas nacen emparentados con programas de derecho, este es el caso de los programas de economía en la Universidad Nacional que antes hacían parte de la facultad de derecho, y todavía hoy muchas facultades son facultades de derecho y ciencias humanas. Señalo lo anterior para resaltar la principal debilidad de la investigación jurídica y sociojurídica señalada por Henao, Palacio y Guarín (1996) la separación entre lo jurídico y lo social, la poca comunicación entre las ciencias jurídicas y las ciencias sociales y humanas en la investigación. Naturalmente su recomendación es buscar la interdisciplinariedad, dicen:
“ Sólo puede haber cultura científica cuando existe un grupo que la soporte, la apoye y la desarrolle, es decir, se apropie de ella para llevarla a planos más avanzados. Si es cierto, como hemos tratado de demostrarlo, que la investigación socio-jurídica no es, en nuestros días, una flor que brote en el invernadero del derecho, y más bien es el resultado de los temas y problemas que se investigan en las otras ciencias sociales, o en aquellos grupos que combinan profesionales de diversas disciplinas, será imprescindible hallar los canales para poner en contacto a los profesionales del derecho con tales grupos, en un espíritu interdisciplinario”8.
Pero hay que decirlo, esta es todavía en gran medida una aspiración, mas si consideramos la necesidad de aproximaciones transdisciplinarias en lo social. No obstante, se ha adelantado la investigación en este ámbito de preocupaciones de lo jurídico y lo sociojurídico. Lo que no quiere decir que sea suficiente. Si bien los registros de grupos reconocidos pueden tomarse como parcial, en tanto que hay problemas de socialización con el instrumento informático, si es muy diciente que tan solo 11 de 61 cumplan con las condiciones mínimas de reconocimiento como grupo de investigación, esto es el 18% de los grupos que se presentaron a registro.
Pero la situación se hace más dramática se miramos el cuadro anexo uno que da cuenta de las características de estos once grupos, situados en tres ciudades (Bogotá, Medellín y Popayán) y en seis instituciones universitarias (Externado, Andes, Rosario, Antioquia, Eafit, Cauca). Quisiera resaltar que de estos once grupos tan solo el de Marcela Gutiérrez ha presentado proyectos de investigación
al Programa Nacional de Ciencias Sociales y Humanas, y señalar como son relativamente pocas las propuestas que se someten a buscar cofinanciación en el programa. Lo anterior simplemente nos puede indicar que hay fuentes alternas para la financiación de este tipo de iniciativas, por una parte, y que tal vez no hay mucha investigación en el campo, pero tal vez si mucha jurisprudencia.
En los clásicos de las ciencias sociales Weber, Durkheim, Marshall, Marx aparecen simultáneamente la pregunta por la sociedad y la pregunta por el derecho. No es comprensible la racionalidad de occidente y la emergencia de las instituciones modernas del capitalismo sin la institución de un derecho racional, originado en el derecho romano y el derecho canónico propio de occidente. Pero hoy muchas de las preguntas sobre el derecho quieren ser autosuficientes.
Fue Ciro Angarita - quien hiciera visible el trabajo de la compañera permanente - quien desde el Consejo Nacional del Programa Nacional de Ciencias Sociales y Humanas impulsó la necesidad de un subprograma de investigaciones jurídicas y sociojurídicas, en especial, luego de la Constitución del 91, en un afán por hacer efectivo y accesible a toda la población el estado Social de Derecho. En la misma perspectiva de las reflexiones del ex ministro Jaime Giraldo Angel pregonaba la necesidad de un derecho cercano a las necesidades de la gente y no de una normativa centrada solamente en la razón. Y en esta lógica es que invitamos a reflexionar sobre la pertinencia de las agendas de investigación de los grupos y centros orientados al ámbito de lo jurídico y lo sociojurídico.
En los grupos reconocidos no están todos los grupos, ni se refleja allí la dinámica de actividad de investigación en el campo. Hay importantes trabajos de antropología jurídica, o de sociología e historia del delito que se han adelantado en el país, o grupos que trabajan sobre derechos humanos y derecho internacional humanitario, o sobre criminalidad urbana y sistema carcelario, o en otros casos sobre la resolución alternativa de conflictos y la convivencia ciudadana. Lo que deseo resaltar es como hay investigación en el tema que se hace desde otras disciplinas y en centros de investigación no adscritos a programas de derecho. Lo que resalta con fuerza la necesidad de una mayor comunicación y apertura en la comunidad de ciencias sociales y humanas, una mayor densidad de relaciones entre grupos y centros de investigación que trabajan en temas afines y que son usuarios de sistemas de información comunes, como pueden ser los observatorios del delito promovidos en las grandes ciudades.
Además de la necesidad de fortalecer la red de relaciones entre centros y grupos, se hace necesario repensar las relaciones entre la investigación jurídica y sociojurídica y las políticas públicas. Para lo cual hay un reto, si bien la normatividad, el proyecto de ley es parte del oficio y de la manera como se expresa la política pública, la investigación en el campo no siempre tiene que tener por finalidad el diseño de una nueva ley o norma. Se puede caer como sucede a veces que nos quedemos en el fetichismo de la ley. Hay diversas posibilidades de apertura y relación en el diálogo entre derecho y sociedad. Pero está también la apertura hacia la comunidad de investigadores y en general la comunidad
académica cuando se incorporan al debate público de los resultados y propuestas, o se incorporan a los planes y programas de estudio.
Como lo indique arriba en el país se viene consolidando una comunidad de investigadores en el tema, o en temas afines. Sin embargo, hay que señalar que todavía nos queda mucho camino por recorrer tanto en la generación de conocimiento como en su consumo por quien tiene a su cargo la política pública o la posibilidad de promover procesos de intervención social, así como por la sociedad en su conjunto. Si bien hemos ido consolidando una capacidad nacional de generación de conocimiento persisten los desbalances regionales, y las redes de conocimiento son aún débiles. Se requieren esfuerzos para consolidar la red de usuarios y consumidores de conocimiento.
3. Los aprendizajes y Los nuevos derroteros.
Hemos aprendido que son posibles los esfuerzos colaborativos para proveer el conocimiento que requerimos, hemos aprendido que dicho camino no es sencillo, que demanda la construcción de espacios de concertación y comunicación interinstitucional, no siempre fácil. Hemos aprendido que la política pública debe apoyarse en el conocimiento, pero que éste no se puede esperar como una formula mágica que de una vez por todas cambie aquellos hechos que hoy nos confrontan como sociedad.
También hoy sabemos que no contamos con el conocimiento que demandamos sobre los aspectos que más nos afectan. Que es muy posible que contemos con muchos diagnósticos pero no con el conocimiento básico sobre la sociedad y sus dilemas más profundos, que mucho de lo que se produce sobre el tema puede en cierta forma estar sesgado por explicaciones y estereotipos de cajón, como cuando se afirma que vivimos en “una cultura de la violencia”, o que “la sociedad machista y patriarcal nos tiene como nos tiene”, o “que niño maltratado padre maltratante”, esa búsqueda en las causas originarias o la búsqueda de los culpables que se constituyen en verdaderos estilos gnoseológicos, y que antes que propiciar el conocimiento pueden ser un obstáculo epistemológico para el mismo. Se hace necesario innovar en lo teórico y en lo metodológico en relación con la investigación sobre los temas de la convivencia, el conflicto y la democracia.
Hemos aprendido que el conocimiento es estrategia adaptativa el entorno, que como dijera con ocasión de la presentación de la revista de Ciencias Sociales de la Universidad de Los Andes, Ana María Bejarano, no necesitamos tanto una ciencia social de pasarela como una que nos ayude a comprender quiénes somos, porque nos pasa lo que nos pasa y cómo podemos trabajar en función de lo que queremos ser en tanto sujetos individuales y colectivos. Tenemos el reto frente a nosotros de hacer más densas las redes de conocimiento, como más densas las de usuarios del conocimiento y los nexos mutuos. El problema de la apropiación social de los resultados de la investigación es el de la memoria social, el de las instituciones que median nuestra socialización y nuestros aprendizajes colectivos.
9 Heins von Foerster. Las semillas de la cibernética. Obras escogidas. Edición de Marcel Pakman. Gedisa. 1996
Para Colombia sigue en pie el reto de la construcción de la democracia y de ciudadanía, el reto de construcción de lo social y lo público como una manera de llegar a la construcción del proyecto colectivo de sociedad. No solo se trata de la elaboración de un nuevo pacto social, que garantice la autonomía del sujeto individual y colectivo, que garantice la calidad de vida de los asociados, recupere la legitimidad del estado, sino ante todo, de ganar en densidad social, en el clima de confianza, en participación y cultura política. El reto de la construcción de la paz es ante todo el reto de la construcción de sociedad y de democracia, el reto de recuperar la vitalidad y la expresión de los actores sociales y los movimientos sociales, el reto de construir el adecuado balance entre estado y sociedad civil.
Tenemos el reto de producir y generar el conocimiento que demanda la sociedad. Pero ante todo es necesario adelantar acciones conducentes a obtener cambios en la cultura. Una cultura de la convivencia requiere entrar en redes conversacionales vivas, de diálogo fecundo. Hay avances en el plano del conocimiento, pero no es suficiente, hay avances en el plano de la acción pero tampoco es suficiente. Se hace necesario ponerse en los zapatos del otro, aprender también de los errores ajenos y de los propios.
Quizás uno de los retos más importantes desde la perspectiva del conocimiento es el de revisar el tipo de preguntas que nos estamos haciendo en investigación, deslindar la actividad conducente a la construcción de mecanismos explicativos sobre el conflicto, la convivencia y la democracia. Para salirse al paso a las explicaciones de sentido común, o a las posturas más endopáticas, en un tema tan sensible.
Por último, quiero señalar que hemos aprendido que se hace necesario desplegar la imaginación para fortalecer la actividad de los grupos de investigación social y humana en el país, que definitivamente si hay alguna investigación que sea prioritaria es la que concierne a la propia sociedad. Que como afirmara Heinz von Foerster9 las ciencias duras se ocupan de los problemas blandos las ciencias blandas se ocupan de los problemas duros. Que para comprender la experiencia vivida se hace necesario narrarla y que buena parte de la investigación social persigue poder narrar las vicisitudes de nuestro devenir como individuos, como grupos humanos como nación.
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